No soy una persona deportista... soy atlista de la época de mi Rafa y Lavolpe y me encantaba ver el basquet cuando jugaba Jordan y compañía, así que pues eso fue hace años. Yo jamás jugué porque no me consideraba buena, lo mío era el ballet, el teatro, los libros.
Pero mis hijos son totalmente deportistas y me encanta ser mamá porrista y lo que más disfruto son las copas que hacemos en los colegios, he ido a 3 ya y todas han sido fuera: Monterrey, Culiacán, Hermosillo, justo voy regresando de esta última y quiero contarles lo que más me gustó. NO creo lograr describir la emoción y la intensidad con la que viví pero lo intentaré.
Participan colegios de toda la república y como somos muchos, solamente fuimos a competir primaria de basquet y de futbol, mi hijo juega el primero. Muchas mamás íbamos solitas y también iban familias completas, las que íbamos mámá e hijo nos sentimos super apapachadas por todos y esa sensación de seguridad es muy bonita.
Amo estas copas, en ellas salen a resaltar los valores de cada equipo, colegio, familia y persona; nos unimos alumnos y familias de una forma tan bonita, como que este evento se convierte en un lazo que nos hace más "familia". La inauguración estuvo super emotiva, ver a todos los equipos, a todos los papás echando porra y a los profesores fue demasiado lindo y emocionante, mi familia es de allá y ver la danza del venado y escuchar Sonora Querida, ufff me puso la piel chinita.
Antes de cada partido íbamos al oratorio y luego los niños tenían tiempo de concentración, los papás esperábamos afuera y cuando salían los peques ya estaban motivados con una sonrisa gigante y nosotros echando porra desde ahí.
No deja de ser una competencia, siempre hay alguien que gana y alguien que pierde y en ambos casos se aprende muchísimo. Nosotros íbamos muy bien y de ir en tercer lugar general, un partido nos sacó del medallero, pero ¡qué partido! Parecía final, perdimos por una canasta, era impactante ver a todos los que fuimos de nuestro colegio más Monterrey más otro de Guadalajara (que es nuestro principal "rival") echándonos porras a nosotros, toda la cancha rodeada por un público que gritaba al unísono el nombre de nuestro equipo, fue una sensación ¡¡¡única!!!
Mi hijo nunca había llorado, siempre era el que le echaba porras a sus amigos que lo hacían pero esta vez se rompió terriblemente junto con ellos; todos se echaban la culpa de algo, muchos hubieran y mucho peso sobre sus pequeños hombros, un aprendizaje más pero que nos costó a todos lágrimas y apapachos.
Otra cosa hermosa y maravillosa fue que compiten equipos que aunque están en la misma cateogría no son taaaan buenos y entonces pierden por mucho, en esos momentos todos, absolutamente todos los del equipo contrario (equipo, coach, porra, tooooodos), los apoyamos al 100 con porra, dejando que quizá alguno tire sin poner resistencia y ver eso en todos de verdad te llena de una emoción tan bonita que lloras de alegría (si si, yo soy llorona pero creo que a todos nos pasa igual en esos casos).
¿Saben? dicen que con estos torneos los niños aprenden y crecen muchísimo pero la realidad es que no solo ellos lo hacen, el equipo completo que incluye papás, profesores, coaches, directivos, hermanos, abuelos, toooooodos, regresamos totalmente diferentes, no solo porque duramos días cantando las porras en nuestras cabezas y a veces en voz alta, sino porque lo vivido nos unió como la gran familia que presumimos ser siempre y no sin razón.
Photo by Markus Spiske: https://www.pexels.com/photo/basketball-hoop-in-basketball-court-17527 Photo by Markus Spiske
Me encantó. Monterrey, allá vamos.
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