Esta pandemia que nos cambió la vida y que nos ha tenido en encierro y en cambios de hábitos, rutinas, pérdidas, etc., cambió al mundo. Ya no será igual. Nunca más.
Este año y medio ha sido eso, una travesía de emociones. Recuerdo que nos dijeron que nos quedaríamos en casa y yo fui la mujer más feliz del universo! Lo único que pensé fue, qué emoción, podré estar con mis hijos, cocinaré de todo, haremos manualidades y todas esas cosas que siempre quiero hacer con ellos. Es más, si hice muchas cosas:
Luego pasó que no regresamos a clases despues de Vacaciones de Semana Santa y Pascua, y no solo eso, no regresamos a clases, ni afuera, ni a ver a la familia, ni amigos, ni nada!
Pero después de eso pasó muchísimo tiempo donde la vida tenía que seguir (clases, trabajo, casa, etc.), pero sin las cosas que hacíamos para distraernos, encierro total. Clases en casa, juntas en casa, TOOOOODOS EN CASA las 24 horas del día!
Nos conocimos en las buenas y en las malas ahora sí, berrinche de los hijos, berrinche mío, berrinche del marido, berrinche de los socios, de los colaboradores, de los clientes, de todos! porque todos estábamos viviendo este momento, este estrés, esta ansiedad y este miedo a lo desconocido, a una enfermedad que solo imaginábamos en películas (les juro que yo me sentía en guerra mundial Z pero sin Brad Pit!!!).
Como muchos de ustedes saben, uno de mis tantos roles en la vida es ser profesora universitaria, rol que amooooooo.
Dada la situación, este verano en lugar de tomar cursos de competencias didácticas, decidieron darnos cursos de tanatología y otros de manejo de emociones, algo que agradecimos infinitamente porque además, justo lo primero que nos hicieron ver con un ejercicio maravilloso, es que todos estuvimos en una situación semejante a la que les platiqué; claro, algunos perdieron a un ser querido, algunos perdieron su trabajo, su sueldo completo, en fin, algunos tuvieron estas pérdidas que pudieran ser mayores a perder tu espacio físico en casa o tu "libertad", pero al ser cada uno distinto y tener distintos tipos de pérdidas y vivir esas y no otras, cada uno lo sufrió terriblemente desde su ser.
El darnos cuenta que todos vivimos un proceso similar, al menos para mí, fue liberador. Porque nos encerramos tanto en nuestros problemas y creemos que no hay forma de salir de ellos que sentimos que cargamos el mundo en nuestros hombros, el reconocer que todo estamos aprendiendo a vivir esta "nueva normalidad", me hizo sentir que entre todos cargamos el mundo.
Suena muy ególatra y no lo soy, pero aunque sabía que todos pasábamos por esto,al hacerlo realmente consciente, les juro que me sentí más liviana.
Este año y medio ha sido un tiempo de mucho aprender, primero de mí misma. Nunca había estado tanto tiempo en mi casa, con mi familia las 24 horas, sin tener a mis amigas o las plazas o el trabajo para distraerme (no de la forma en la que estaban antes); vamos! sin tener mis 2 horas de tráfico para estar yo solita.
Aprendí sobre todo a eso, CONOCERME. Encontrar nuevas formas de distracción como el dibujo, los rompecabezas, retomé la lectura, los cursos, la pintura y más; poder comunicar cuando mamá necesitaba estar sola y entender que no estaba mal pedirlo; poder vivir esos cambios hormonales sin poder sacarlos de otra forma más que con gritos o llanto. Aprendí a valorar, no solo la salud, la vida, la familia sino el color del cielo, la lluvia, las flores, aprendí a contemplar más y respirar, respirar y respirar.
Aún no termina, acá estamos de nuevo en botón rojo, estamos de nuevo muy asustados, pero saben? Todos nos sentimos asi, por primera vez esta frase de: "la única constante es el cambio", tomó un sentido que jamás habríamos imaginado antes, esa incertidumbre la tenemos todos todo el tiempo y eso nos ha llevado a una construcción diaria de nosotros mismos, de nuestros negocios, a innovar, a pensar fuera de la caja, a aceptarnos y querernos, a tomar decisiones que jamás hubiéramos tomado, a valorar algo que dábamos por sentado.
Algo que agradezco, es que he conocido personas maravillosas que hoy son mis amigos y que a algunos no he visto ni en persona y aun así, hemos llorado juntos; formo parte de nuevos grupos que hoy por ejemplo, uno de ellos, mi grupo de networking, cumple un año y ha sido increíble conocer a tantas personas maravillosas que buscan realmente ganar dando y ese es solo un ejemplo.
Hoy más que nunca, seamos empáticos. Ya no solo hay días buenos y días malos, hay un cambio constante a lo largo del día. Cuando veas a alguien que refleja ese estrés, ese miedo, esa ansiedad, agobio, tristeza, enojo, frustración, etc., eso por lo que tú pasaste quizá hace un par de horas; solo regálale tu mejor sonrisa y hazle saber que entiendes por lo que está pasando porque tú estás viviendo lo mismo.