Exceso de pasado igual a depresión y exceso de futuro igual a ansiedad... No sé si lo han escuchado, yo además de escucharlo lo he vivido muchísimo estas últimas semanas. En este año de encierro, he tratado de ser super positiva y ver el mejor lado a todo, rescatar lo mejor de cada día y agradecer por ello y creo que es lo que ha hecho que el balance siempre sea positivo (escribiré pronto respecto a esto).
En estas semanas, como les platicaba, me alcanzó el pasado y últimamente me estresa el futuro, sé que ya no podemos hacer nada por lo que pasó y pues quién sabe si sucederá esas historias en mi cabeza, de verdad lo sé, pero pues así me he sentido, ansiosa y triste.
Creo que en este encierro, muchas personas pasan por lo mismo y quizá lo viven desde que empezó o incluso antes y no puedo dejar de pensar lo terrible que es esta sensación.
Mis maestros para poder superar todo esto son mis hijos... la realidad es que ya están hartos, también tienen toda esa montaña rusa de emociones que además no las entienden y para ellos ni nombre tienen algunas, pero son muy valientes y me enseñan sobre todo, a ver las cosas con sus ojos, con una simplicidad que invita a la tranquilidad.
¿Qué me han enseñado?
- A ser valiente y darle el peso justo a las cosas, yo siempre les digo que deben intentar las cosas, que si les da miedo hay que vencerlo y que si no sale algo como esperan, pues se aprende de eso (intentar, intentar, hasta la meta lograr)... a veces, solo lo digo pero no lo vivo y hay ocasiones en las que ellos me han dicho: mamá, inténtalo; o me ven triste y sus palabras son: no pasa naaada, tranquila, vamos a jugar un rato. Me ayudan a ser menos dramática y extremista.
- A estar presente y escuchar; estoy tan metida en juntas, trabajo, el día a día que se va en un abrir y cerrar de ojos haciendo pendientes y a veces sintiendo que no llego a ningún lado, ellos me obligan a hacer pausas, quieren contarme sus cosas importantes, quieren mostrarme lo que pueden hacer, sus pequeños grandes logros y esperan que los vea a los ojos cuando me lo cuentan, que no esté en la computadora, que esté para ellos al 100 en ese momento... a veces es importantísimo hacerlo incluso para nosotros, esta prisa impide que celebremos esos pequeños pasos que nos acercan a nuestros objetivos, es eso, detente, respira, celebra, agradece y a seguir.
- A ser creativa, los juegos que crean, las historias, pensar fuera de la caja para conseguir lo que les piden en la escuela o lo que ellos mismos quieren lograr, pensar en opciones distintas y sobre todo simples, yo me complico tanto a veces y que ellos me digan algo como: mamá, si estás triste porque acordaste de algo, pues no pienses en eso... es tan obvio y sencillo para ellos que me hacen pensar distinto.
- A disfrutar los pequeños momentos, mis hijos ríen a carcajadas muchísimas veces en el día, por cosas simples y amo escucharlos; yo casi no lo hago, de verdad es algo que por alguna razón pues no, he aprendido a reirme con ellos y de mí, a bailar de felicidad (de las cosas que más me hacen feliz es cuando mi hijo baila al ritmo de ¡Mañana no hay clases!), a platicar horas y horas de cualquier cosa, a admirar la naturaleza y a asombrame de todo.
- A ver el lado positivo incluso cuando es un momento demasiado malo... nunca me cansaré de platicar cuando le dije a mi hijo que su abuelo había fallecido, era pequeñito y su respuesta fue: qué padre!!! a lo que obviamente pregunté por qué, y me contestó: mamá, es que por fin va a poder hablar y va a poder caminar y correr!

No sabemos donde estará la enseñanza, aun cuando el desánimo puede ser mayor
ResponderBorrarClaro y nosotros en nuestros alumnos también aprendemos muchísmo!
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